El compañero inseparable del personaje

Era una típica escena de taberna cuando un humano con pinta de guerrero curtido en mil batallas, de nivel 20, 30 o vete tú a saber, armado hasta los dientes. Empezó a gritarle a una enigmática y esbelta figura cubierta por una capa negra con extraños bordados en plata. De su rostro oculto por la capucha de la capa sólo se podían apreciar dos extraños puntos luminosos rojos como la sangre. La extraña presencia estaba parada delante del guerrero y no apartaba su mirada. Y entonces el guerrero le espetó: ¡¡Montaré en Cólera como no te apartes de mí!! … Pasaron unos tensos segundo de tenso silencio en la taberna. Después ocurrió lo que tenía que pasar, el guerrero salió apresuradamente de la taberna, montó en su caballo “Cólera” y se fue.

Todos hemos tenido algún animal o bicho de compañero de fatigas alguna vez. Aunque sólo fuera el caballo de monta o la mula para llevar la carga. El problema principal que suele ocurrir en las partidas es el contexto en el que meter a nuestra mascota. Cuantas veces me habrá pasado que mi pj era pobre y no tenía caballo mientras los demás del grupo si y querrían ir más deprisa por el camino. O cuando por fin juntas suficiente dinero para comprarte un caballo los demás no tienen y hay que ir al paso de los que van andando. Lo más típico es la situación en la que la aventura lleva al grupo por una montaña o terreno abrupto, ¿qué haces con ese animal que has criado desde que nació en la granja de tus padres y has alimentado con tus propias manos desde siempre? No pasa nada si tú caballo es un dato en la hoja de personaje sin nombre y sin relevancia para el pj. Hay que calibrar las situaciones y no me refiero sólo al jugador, también depende del master, que es quién plantea las situaciones al fin y al cabo.  Si resulta que un personaje tiene que decidir entre rescatar a la princesa con la que se va a casar y heredar el reino o su querido jamelgo, no siempre se termina siendo rey.

No quiero centrarme en el caballo. También se pueden tener un familiar o cualquier otro bicho de compañero inseparable. Hay cierta frase en la sección de frases épicas sobre el cuervo de cierto dunadán, aquello fue más bien un olvido tonto, pero era importante para el pj. Muchas veces se menosprecian estos detalles pero pueden darle mucho juego a la interpretación y roleo del pj. Hace años tuve un paladín, en Krynn y D&D segunda edición. Había tenido caballos de monta o de guerra en otras partidas y pj’s, pero al animal que me refiero era un caballo de guerra criado con el pj desde que era joven y además eran los dos únicos supervivientes de un pueblo saqueado, todo incluido en la historia introductoria del pj. Ocurrió lo inevitable, un asalto al campamento de noche y el robo de uno de los caballos al azar entre los del grupo. Adivinar lo que pasó, se llevaron el único caballo del grupo que pertenecía a la historia de un personaje y su rol. Recordar masters, antes de quitarle un animal a un pj pensar en la brasa que puede daros el jugador con el tema. Era una situación complicada, llevaba un paladín del bien y tenía que hacer el bien, pero también quería perseguir a los malos hasta el final y recuperar el caballo.

A veces las mascotas no son sólo parte del rol, también son útiles. Entrenar a un lobo para combatir, un demonio sirviente o un familiar con hechizos memorizados. Sin duda es una buena opción para darle color a las partidas que creo se usa poco en general. ¿Que sería de Minsc si Bubú no atacará a los ojos en los combates?

Y para terminar sólo quiero decir una cosa. No soy rencoroso pero quiero mi caballo (que no me acuerdo como se llamaba).